lunes, 4 de mayo de 2009

Introduccion a Miriam



INTRODUCCION A MIRIAM

Esta es la historia de Miriam, su esposo José y su hijo Jesús. Familia muy humilde de un sitio muy lejos de aquí y ya hace mucho tiempo. Debido la marejada de libros, películas y documentales sobre ella, su esposo e hijos; viendo la gran cantidad de teorías y presunciones sobre su vida; no todas bien intencionadas, por influencia de mi hija Bettina, quise un día indagar el tema hasta lo posible, y poner todo eso de ser posible, en su propia perspectiva. Me introduje en el tema, creyendo que encontraría mucho de mitología y tradición, siempre presente en los personajes claves de la historia, incluyendo la religiosa; para percatarme, que sin bien es cierto que hay envuelto algo de tradición al respecto, toda cae bajo el ámbito de lo plausible y sobre aspectos, de fácil deducción en su análisis. Para mi sorpresa, y luego de cierta aprensión, me encontré por el contrario, que lo disponible en términos de precedentes: secular y seglar, más fortalecían, que arrojaban dudas sobre mis creencias al respecto. Me alegro mucho de poder desmitificar ahora de mi mente lo que otros, con dudosa agenda han venido formulando.
Quise enfocarme entonces inicialmente, en dos aspectos en mi búsqueda: María como persona histórica relevante en nuestra religión Cristiana, y en sus posibles hijos, vis a vis su aducida virginidad a posteriori. Por mi formación legal, no me pude ni quise sustraerme de un rigorismo probatorio, porque pensé que todas las cosas de Dios, tienen que estar por encima del mismo.
Sin embargo, donde no pude encontrar la prueba directa y estricta, encontré y debo de decirlo, un gran lago de amor que suplía esa falta por mucho, entre sus interlocutores y referentes.
De esta suerte me decidí a escribir en vez de un escrito laico apologético, una sencilla novelita o tal vez: cuento largo, sobre la vida de María o Miriam, como se quiera, madre de nuestro Salvador Jesús.
Para poder hacer esto, fui a todas las posibles fuentes que me pudieran dar luz sobre el tema incluyendo, naturalmente los Evangelios Canónicos, Cartas de los Apóstoles, manuscritos del primer y segundo siglo, los llamados Evangelios Apócrifos, Proto-evangelios, “Evangelios Agnósticos”, documentos de la llamada Biblioteca de Nag Hammadi, libros inspirados al respecto, ensayos apologéticos, escritos por teólogos Cristianos, Protestantes y hasta el Corán Islámico. Que por cierto, y esto es bueno decirlo, contiene más información sobre María que ningún otro documento. Inclusive, el trato que se le da a María en éste, es digno de admiración por la veneración y respeto que se le brinda, tan ausente fuera del Catolicismo. Hasta por no dejar nada afuera, que pudiera darnos más luz, fui hasta Martin Lutero[1] y otros de la Llamada “Reforma”, para encontrar allí, que estos maestro de la disensión Cristiana, le brindan, no solo respeto y veneración sino, la ponen en un lugar idéntico a la Ortodoxia Católica. Por lo tanto, fallo en ver, del porqué del mal trato, y desdén, del protestantismo a su figura y trascendencia.
Al tratarse de una novelita, este relato sigue la estructura, modelo y forma de las novelas. Verán que tiene unos personajes que se ubican en el momento histórico actual, en donde se contrapone el hombre indiferente de hoy al hombre creyente, en donde se complementan sus mentalidades y preparaciones. En donde la Ciencia, viene a traer aquellas herramientas para una exégesis compatible con la Fe. En donde “Hollywood” y su sensacionalismo, se mantiene a un mínimo, cuando brincamos, o nos ponemos en la condición de pasado, con otros personajes. En donde se pretende brindar un modelo sencillo y humilde de interpretación de cuanto se nos presente por los medios modernos que no buscan necesariamente la verdad. Que en cambio, representan ideologías espurias, falsas, y muchas veces, hasta ridículas sobre estos temas. Llega uno a pensar, viendo estos documentales de último cuño, que utilizando lo poco que hay sobre ciertos pasajes, y aspectos del Cristianismo, lo construyen trayendo teorías como hechos ciertos, que solo representan segmentos de sus mal informadas o deformadas imaginaciones. Este es el caso del mal Llamado “ Código de Da Vinci”; plagado de disparates y presunciones que se intentan pasar como realidades. De haber estado vivo Dante Alighieri en estos días, ya hace rato lo hubiera confinado al tonto que lo escribió, y a su nefasta obra, a las profundidades del Seol y si posible: al último de los Infiernos. Ya quiero yo, en un futuro cercano, tomar este librejo dañino, y desojarlo de sus falsedades; de seguro quedará en muy pocas paginas fidedignas.
Hablando del Corán, me parece que encontrarán interesante; y luego muy importante, lo expresado sobre el tratamiento de María por el Corán.. No es por nada que lo traigo, como luego verán.
Mucha gente se sorprendería al ver el amor que los Musulmanes sienten por la Virgen María, la madre de Jesús. En el Corán, a ninguna otra mujer se le da más atención que a María. Ella recibe más atención que a todos los Profetas con la excepción de Adán. En los 114 capítulos del Corán, María esta entre las ocho personas en tener un capítulo a su nombre. El decimonoveno capítulo del Corán se llama Mariam, en honor a la Virgen María. ‘Mariam’ significa María en árabe. El tercer capítulo del Corán se llama Amran, el cuál es el padre de María. Los capítulos de Mariam y Amran son de los capítulos más bellos de todo el Corán. María es la única mujer específicamente nombrada en el Corán. Existe un Hadiz auténtico en el cuál el Profeta menciona que: “La superioridad de Aisha con respecto a otras mujeres, es como la superioridad de Tharid (un platillo de pan y carne) con respecto a otros platillos. Muchos hombres alcanzan el nivel de perfección, pero ninguna mujer ha alcanzado ese nivel a excepción de María, hija de Amran y Asia, y la esposa del Faraón.” (Bukhari 4.643). Verdaderamente, María y la esposa del Faraón son un verdadero ejemplo (Corán 6:11-12). La Virgen María posee un papel muy significativo en la religión del Islam. Ella es un ejemplo y una guía para la humanidad.
En el Corán, la historia de María comienza cuando ella todavía esta en el vientre de su madre. La madre de María dijo[2]: “¡Señor! Yo te ofrezco en voto lo que hay en mi vientre. Acéptalo de mí. Tú eres ciertamente el Oyente y el Omnisciente.” (Corán 3:35). Ella deseaba a ese bebé en su vientre solo para servir a su creador. Cuando dio a luz a María, ella dijo: “Señor, yo he dado a luz a una hija...” (Corán 3:36). Ella esperaba tener a un varón quien al crecer sería un líder religioso. Sin embargo, Dios tenía para ella un plan mejor. Dios es el que mejor planea. “….y Dios sabía bien lo que ella había dado a luz. El varón no es como la niña. Yo la he llamado María y yo la coloco, así como su descendencia, bajo Tú protección contra Satanás el expulsado.” (Continuación de Corán 3:36) María literalmente significa Servidora de Dios.
No creo que debe de pasar por inadvertido, el hecho que muchas de las imágines de María de acuerdo a sus apariciones, se ve a la Santísima Virgen, sobre una media Luna, donde pisa la cabeza de una serpiente. Es importante que veamos esto dentro del contexto del Islam por la sencilla razón de que la media Luna aparece en TODAS, las banderas de los países que profesan esa religión. Si aceptamos que esa llamada última batalla precursora de la parusía es y será sobre base ideológica… pues, el que tenga ojos, que vea. Si María, destruyó el Comunismo, también destruirá todo lo que vaya en contra de su hijo. Esa es su misión y por la que nos definimos. Para el Islam, Cristo es solo un profeta’ se le admira, se le venera, pero no es Dios. Tienen de El, la misma concepción que se encuentra en varios de los documentos Agnósticos. Se llega a decir en estos, al igual que en Corán, que quien murió en la Cruz, no fue el Cristo Hijo de Dios, sino otro material y corruptible. Dándonos la impresión que el Islam, surgido en el 622 y los documentos de Dag Hammadi, del 400, antes que el Corán, reflejan una misma esotérica interpretación mística de lo que en realidad es Cristo y ambos tienen la mismo fuente y la misma confusión. Pero la misericordia de Dios para con un pueblo que ha honrado a su Esposa y madre de su Unigénito, será grande, como lo fue con Nínive. El Islam, igual que el Judaísmo, se basa en el mismo Dios nuestro; tendrán de El, un concepto algo divergente, pero en su esencia, es igual al nuestro. María destronará al falso profeta, eso está escrito y el pueblo Islámico bien intencionado, en gran parte, verá al verdadero Profeta de Dios.
¿Que hay de María o Miriam en los Evangelios Canónicos[3]; es decir, aquellos cuatro que los primeros Cristianos aceptaron como más fidedignos por representar la visión ortodoxas sobre el Cristo que aceptamos hoy? No mucho; veamos:
Comenzamos por Marcos, el más breve y, casi con seguridad, el más antiguo de los cuatro evangelios. El que recoge, muy probablemente, las catequesis y predicaciones de San Pedro, o sea, el evangelio según lo proclamaba Pedro.
Lo que dice Marcos acerca de María se agota en dos brevísimos pasajes, ambos situados en la primera parte de su evangelio. Y en esos pasajes ni siquiera se advierte la impronta personal del narrador. Este mantiene una fría objetividad de cronista y nos comunica lo que terceras personas dicen de María. Y si nos detenemos a analizar el texto, encontramos que esas terceras personas son incrédulas, enemigas de Jesús, que por supuesto no se ocupan de su madre con benevolencia, sino con hostilidad y descreimiento. Para ellos se agrega, como contrapunto y refutación, el testimonio de Jesús mismo acerca de María.
Leamos los pasajes. El primero en Mc 3, 31-35:
«Vinieron su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, le mandaron llamar. Se había sentado gente a su alrededor y le dicen: “Mira, tu madre y tus hermanos te buscan allí fuera”.
«Él replicó: “¿Quién es mi madre y mis hermanos?”
«Y mirando en torno, a los que se habían sentado a su alrededor, dijo: “Aquí tenéis a mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”».
El segundo pasaje es la escéptica exclamación de los que se admiraban, incrédulos, de su inexplicable poder y sabiduría; se lee en el capítulo 6, 1-3
«Se marchó de allí y fue a su tierra, y le siguieron sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y los muchos que le oían se admiraban diciendo: «¿De dónde le viene esto? ¿Y qué sabiduría es ésta que se le ha dado? ¿Y tales milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanos aquí con nosotros?
Estos son los dos únicos pasajes del evangelio de Marcos en que se menciona a María. En ellos se comprueba simplemente que a Jesús se le conocía en su medio como el carpintero, el hijo de María.
Mateo enriquece la figura de María respecto de la imagen de Marcos, manifestando dos rasgos de la Madre del Mesías:
1) María es Virgen.
2) María es esposa de José, hijo de David.
Ambos rasgos los explicita Mateo no por satisfacer curiosidades, sino por lo que ellos significan en el marco de su presentación teológica del misterioso origen del Mesías.
Que María es Virgen[4] es un rasgo mariano que está en íntima conexión con la filiación y origen divino del Mesías[5]. Este nace de María sin mediación del hombre y por obra del Espíritu Santo, nos dice Mateo.
A Lucas debemos otros rasgos de María, un enriquecimiento de detalles de su figura, que proviene precisamente de un interés por ella como testigo privilegiado no solo de la vida de Jesús, sino también del significado teológico de esa vida.
Si todo el evangelio de Lucas se funda en un testimonio de testigos oculares y si Lucas se atreve hablar de la infancia de Jesús es porque cuenta con el testimonio de María acerca de ella. Lucas evoca por dos veces en su narración de la infancia los recuerdos de María: «María por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (2, 19); «Su Madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón» (2, 51). Acordémonos que Lucas fue discípulo de Juan, y con él, vivía María. ¿No es lógico presumir que hubiera hablado en algún momento con ella? Dudo que María callara después de la muerte de su hijo, todos sus recuerdos y vivencias en su entorno. ¿Es esto típico en una mujer… y hebrea? Estas fórmulas recuerdan la manera como San Juan invoca su propio testimonio en su evangelio y los términos análogos usados por el mismo Lucas cuando parece referirse al testimonio de vecinos y parientes:
«Invadió el temor a todos sus vecinos –viendo lo sucedido a Zacarías– y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las guardaban en su corazón» (1,66). «Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia» (1,58). «Se volvieron glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído» (2, 20).
Algunos de estos testimonios, que difícilmente ha podido recoger Lucas directamente de los testigos presenciales, deben haberle llegado a través de María, o de familiares de Jesús que –como sabemos– integraban la comunidad primitiva y guardarían tradiciones familiares, de las cuales, sin embargo, la fuente última debió de ser María.
Lucas pone especial cuidado en cualificarla como testigo[6]: María es una persona llena de gracia de Dios, como lo dice el Ángel. Instruida en las Escrituras[7], como se desprende del lenguaje bíblico del Magníficat; como lo presupone la profunda reflexión bíblica sobre los hechos, que se entreteje de manera inseparable con su narración; y como se explica también por el parentesco levítico de María, relacionada con Isabel, su prima, descendiente del linaje sacerdotal de Aarón y esposa del sacerdote Zacarías.
Un primer hecho que nos llama la atención al leer el evangelio de San Juan en busca de lo que nos dice de María, es que este evangelista ha evitado llamarla por el nombre de María. Juan nunca nombra a la Madre de Jesús por este nombre, y es el único de los cuatro evangelistas que evita sistemáticamente el hacerlo. Marcos trae el nombre de María una sola vez. Mateo cinco veces. Lucas trece veces: doce en su evangelio y una en los Hechos de los Apóstoles. Juan nunca.
Y se dice, que Juan evitó intencionadamente el nombrarla con el nombre de María, porque hay indicios de que no se trata de omisión casual, sino premeditada, querida y planeada.
Juan no ignora, por ejemplo, el oscuro nombre de José, que cita cuando reproduce aquella frase de la incredulidad que comentaba a propósito de Marcos y que recogen de una manera u otra también Mateo y Lucas: «Y decían: ¿no es acaso éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: “he bajado del cielo”»?. (Jn 6, 42).
En segundo lugar, Juan conoce y nos nombra frecuentemente en su evangelio a otras mujeres llamadas «María»: María la de Cleofás, María Magdalena, María de Betania, hermana de Lázaro y Marta. Son personajes secundarios del evangelio y, sin embargo Juan no evita llamarlas por su nombre propio. Esto hace también con otros personajes, cuyo nombre podía aparentemente haber omitido, sin quitar nada a su evangelio, como Nicodemo y José de Arimatea. Si nos ha conservado estos nombres de figuras menos importantes: ¿Por qué no ha nombrado por el suyo a la Madre de Jesús? Si la razón fuera –como pudiera alguien suponer– la de no repetir lo que nos dicen ya los otros evangelistas, tampoco se habría preocupado por darnos los nombres de José y de las numerosas Marías de las que también aquéllos nos han conservado la noticia onomástica.
En tercer lugar, si había un discípulo que podía y debía conocer a la Madre de Jesús, ése era Juan, el discípulo a quien Jesús amaba y que por última voluntad de un Jesús agonizante la tomó como Madre propia y la recibió en su casa:
«Junto a la cruz de Jesús estaban su Madre, la hermana de su Madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su Madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su Madre: “Mujer, ahí tienes a tu Hijo”. Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu Madre”. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa» (Jn 19, 25-27)
Pues bien, es este discípulo, que de todos ellos es quien en modo alguno puede ignorar el verdadero nombre de la Madre de Jesús el que, evitando consignarlo por escrito en su evangelio, alude siempre a ella como la Madre de Jesús o, más brevemente su Madre. Y es precisamente este discípulo, el que entre todos podía haber tenido mayores títulos para referirse a la Madre de Jesús como «mi Madre», quien insiste en reservarle –con una exclusividad que ya convierte en nombre propio lo que es un epíteto– el título «Madre de Jesús». Jesús el hijo del hombre, el Mesias y Dios entre los Hombres.
Entre todos los pasajes evangélicos acerca de María, son poquísimos los que nos conservan algo que se parezca a un diálogo entre Jesús y su Madre. Para ser exactos son tres: estos dos del evangelio de Juan y la escena que nos narra Lucas del niño perdido y hallado en el Templo, cuando, en ocasión del acongojado reproche de la Madre: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo angustiados te andábamos buscando» (Lc 2, 48), responde Jesús con aquellas enigmáticas palabras que abren en Lucas el repertorio de los dichos de Jesús: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo tenía que estar [aquí] en las cosas de mi Padre?» (Lc 2, 49).
Quien lea los diálogos en Juan habiendo recogido previamente en Lucas esta primera impresión, no podrá menos que desconcertarse más. En la escena de las bodas de Caná Jesús responde a su Madre que le expone la falta de vino: «Mujer, ¿qué hay entre tú y yo? [o, como traducen otros para suavizar esta frase impactante: ¿qué nos va a ti y a mí?], todavía no ha llegado mi hora». Y en la escena de la crucifixión: «Mujer, he ahí a tu hijo».
Notemos, pues, que en los tres diálogos que se nos conservan, Jesús parece poner una austera distancia entre él y su Madre. Pero, son precisamente estos pasajes, que, por presentar a Jesús y María en un tú a tú, o vis a vis, podrían haberse prestado para reflejar la ternura y el afecto que sin lugar a dudas unió a estos dos seres sobre la tierra; los que nos proponen, por el contrario, una imagen, al parecer, adusta, de esa relación, capaz de escandalizar la sensibilidad de nuestros contemporáneos: 1) Mujer: ¿Qué hay entre tú y yo?; 2) Mujer: He ahí a tu hijo.
María conoce tan bien a Jesús, que sin nada más, sin discusión, justamente después del comentario de su hijo, instruye a los sirvientes que hagan lo que El diga..!Que poder increíble!, ¡o sublime osadía la de esta mujer!, inducir al Mesías (antes de tiempo)! ¿A que haga qué? ¿Qué cree María que puede hacer Jesús? Ciertamente, el Señor no vendía vino o comerciaba en forma alguna con eso. Tampoco andaba entre sus discípulos, también invitados a la boda, alguno que se dedicar a ese oficio. ¿Entonces, porqué de la increíble certeza de María en lo que su hijo haría? Sin lugar a dudas, María sabe mucho de su hijo; lo conoce también, que sin consultarlo, sabiendo de antemano como va a proceder, sin miedo alguno, instruye a los sirvientes de aquella reveladora forma.
En efecto, parecería que Juan se complace en subrayar la coincidencia del velado testimonio que de Jesús da María ante los hombres, con el testimonio que de Jesús da su Padre: «Haced todo cuanto os diga», dice la Madre. «Escuchadle», dice el Padre; que es lo mismo que decir: «obedecedle». Sabemos, en efecto, por el testimonio de los sinópticos, que en los dos momentos decisivos del Bautismo y de la Transfiguración se abren los cielos sobre Jesús y desciende una voz –la voz de Dios– que proclama, con pequeñas variantes según cada evangelista: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».
Este parece ser la razón de María: El milagro de la trasformación del vino, iba dirigida a primero a sus discípulos que sin duda estaban muy cerca y luego a el resto de los invitados, los cuales algunos si no todos, luego se enteraron. Para que todos, después en los milenios, se supieran del poder que Dios le ha otorgado como abogada nuestra ante su Hijo.
Se debe ver también, a mi entender, que estamos ante el “primer” milagro “público” de Jesús. Pero cabe la presunción, que en de manera privada, ya el Señor, había hecho muchos otros y su madre lo sabia. Ese aspecto, es recogido, y es base para algunos de los milagros que como niño, hizo Jesús entre sus hermanos; algunos, bastante inverosímiles, son recogidos en los Evangelios de Dag Hammadi. Esta novelita, presenta otros que pudieron haber ocurrido, si no lo fueron.
Y prueba, de que Jesús, reconoció en las palabras de la Madre, un eco de la voz de su Padre que, habiendo alegado que aún no había llegado su hora, cambia súbitamente tras las palabras: «Haced cuanto os diga», y realiza el milagro de cambiar el agua en vino. (Algunos menos escrupulosos en la interpretación bíblica, se le hubiera ocurrido que la traición de Judas Iscariot, pudo haberse debido a darse cuenta después y muy tarde, del potencial que convertir agua en vino tenía desde el punto de vista comercial). Claro que esto se dice en sentido humorístico.
No fue mera deferencia o cortesía, ni mucho menos debilidad para rechazar una petición inoportuna. Fue reconocimiento, en la voz de la Madre, del eco clarísimo de la voluntad del Padre. Obedeciendo a esa voz, Jesús «realizó este primer signo[8] y manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él». Y San Juan se preocupa, en otros pasajes del Evangelio, de subrayar el escrúpulo de Jesús en no hacer sino lo que el Padre le ordena, en mostrar sólo lo que el Padre le muestra, y en guardar celosamente lo que el Padre le da.

¿Y de sus hermanos, que dicen los Evangelios?
Para comenzar, en aquello de: “Mujer, He ahí a tu hijo…”.Jesús, aparece como dando un grito a través de los siglos, diciendo: Si hubiera tenido otros hermanos, ¿porqué haber dejado a mi madre con otra persona que no es tan siquiera de mi familia, cuando se la entregué a Juan?
Entonces quienes son esos que buscan al Señor: «¿De dónde le viene esto? ¿Y qué sabiduría es ésta que se le ha dado? ¿Y tales milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanos aquí con nosotros? Mc. capítulo 6, 1-3. Y aquello otro de: «Vinieron su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, le mandaron llamar. Se había sentado gente a su alrededor y le dicen: “Mira, tu madre y tus hermanos te buscan allí fuera”. Mc 3, 31-35.
Los cuatro Evangelios Canónicos guardan absoluto silencio al respecto. Para entrar en este tema, el que es abordado en la novelita, con cierta “licencia poética”, tenemos que recurrir a los “libros escondidos”, o Apócrifos; que de tales, para decir verdad non tienen nada. Si, porque de la vasta mayoría de ellos, sobre todo el de Santiago, ya citado, se basa muchísimas de las “tradiciones de la Iglesia Cristiana primitiva, Medievo, y la actual.
Basado en estos textos, he podido identificar dos grandes vertientes en este tema de los “hermanos de Jesús”. El primero: Cuando se refieren a estas personas los evangelistas, se están refiriendo a parientes, primos, sobrinos etc. Todo en este contexto, gira alrededor de las traducciones que se hicieron de estos textos escritos en Arameo, lengua de Jesús, Copto y Siriaco, al Griego Koiné, lengua franca del mundo Helénico, y luego al Latín, y de ahí a las lenguas Romances. Es que en estas lenguas orientales, como el Arameo, no existía un vocablo para designar per se, a un “hermano carnal”. El vocablo que se utilizó fue “anepsio” y en el griego vulgo (Koiné): “Adelfo”. De aquí la “contra-tradición”, de los “hermanos de Jesús”. Para darle validez a esta teoría, tomemos por ejemplo a la Biblia de los Setentas (Septuaginta), primera Biblia que se conoce; traduciendo del hebreo al griego; el término que invariablemente hace, en relación a un “hermano carnal”, es el de “adelfos”; porque aún la palabra: “anepsios”, que denotaba primos en el griego culto, no se indica que su uso estuviera generalizado entre los hebreos. Por ende, podríamos decir que las expresiones que se utilizaron en Marcos, ya citado, hacen referencia a parientes. “Ahí están tus parientes”. Por lo menos, esto es lo máximo que fidedignamente podemos decir de estos supuestos hermanos de Jesús.
Eso de “medios hermanos”, o “hermanos de padre o madre”, es cosa del Medievo, desde entonces para acá; para entonces, y en los tiempos de Jesús, no era utilizado o tenia relevancia. En términos de cuestiones de hermanos, la única diferenciación que se hace y que nos ha llegado hasta hoy, es la de “Primogénito”. “Hijo Primogénito”, es aquel que con exclusividad, heredaba el matrimonio familiar; los restantes hijos, fueran de un matrimonio u otro, carecían de relevancia y las hijas ni se contaban en los sensos.
Segundo, en el Proto-Evangelio de Santiago, se hacen una serie de revelaciones en torno a la familia y circunstancias de la familia de Jesús, como por ejemplo:
1ra: José, padre de Jesús, era un hombre bien mayor, viudo con hijos de ese anterior matrimonio. Se especifican sus nombres, incluyendo a una o dos hermanas. Esto fue ampliamente aceptado por las primeras comunidades cristianas, antes de que inclusive, se escribieran los Evangelios. Momento en el que todavía vivían muchos de las personas de los tiempos de Jesús, incluyendo los mismos evangelistas o discípulos de Jesús. De haber sido distinto, de seguro que lo habrían dicho.
2nda: María era muy joven, no tenía hijos propios, a los catorce o quince años cuando siendo “na’arah”, o señorita, entró en relaciones con José. Y en la anunciación del Angel, ella misma se pregunta como iba a tener un hijo si no conocía varón. Es decir, que nunca había tenido contacto carnal con hombre.
3ro. Estos hermanos de Padre de Jesús, entran y desaparecen antes de su crucifixión. Como decíamos, Jesús tiene que entregar su madre a Juan porque obviamente, para entonces, o se habían casado, estaban apartados, o ya habían muerto. Tomemos en cuenta que si María tenía catorce o quince años cuando tuvo a Jesús, al cumplir Jesús treinta y tres, ella entonces tendría cuarenta y ocho. En una época de baja expectativa de vida, esa edad representaba a una mujer bien mayor. Con toda posibilidad, ya estaba pasada de concepción y si hubiera tenido un hijo después del nacimiento de Jesús, tendría que estar vivo y menor que Jesús, por par un de años. Por lo que hubiera sido innecesario dejarla con Juan. De esto se desprende que nos es lógico pensar que María tuviera más hijos que Jesús. María entonces, surge con todas las posibilidades de haberse mantenido virgen, como es sostenido por el Canon. Aleluya…
4rto. Jesús había hecho otros milagros[9] cuando niño. Esto consta también de otros documentos en la biblioteca de Dag Hammadi. Una biblioteca de documentos enterrados en Egipto, descubierta en 1945. Esos documentos fueron en su casi totalidad, escrito en lengua copta, la cual era usada no por la mayoría del pueblo, sino por unos señores quienes se consideraban por encima del vulgo. Descifrados en el 1977 y el 1984, presentan un cuadro sobre nuestro tema, algo irrealista, demasiado de esotérico y místico, rayando en lo melodramático. Algo, como ellos mismos indican: no para todo el mundo. También presentan a un Cristo y una María, alejados de las realidades del día a día, algo etéreo y como personajes no mortales. Un Cristo extraño al sufrimiento, alejado de su condición humana, casi un Dios Olímpico, y con las misma inclinaciones de Zeus, de quien aparentemente y de su tradición Helenista, bebieron y mucho, todos estos “elevados señores”. Es, por así decirlo, algo sumamente peligroso, eso de hacer ver a nuestro Señor, como un pajarito de bellas plumas; un Ser de las gazas celestiales, como un fantasma desencarnado; allá trepado como lo dicho en el ‘Hipostasis de los Arcones”; en unas esferas celestiales apartadas en la inmensidad del Universo. Un Cristo para seres súper celestiales y superiores, no como nosotros: pobre mortales. Nos quieren llevar a pensar que Jesús no era hijo de María, que no fue verdaderamente hombre y Dios a la misma vez; que estaba por encima del sufrimiento. Pretenden obliterar, de buena o mala fe, lo sublime, lo magnánimo, y misericordioso de una Encarnación de Dios en hombre de carne y hueso para atraer, redimir y participar de su creación, aún a pesar del alto precio. Le niegan a Cristo su verdadera esencia: que su sacrificio inmenso fue el pago por su máxima creación: el Hombre y para poder hacerlo, se hizo hombre mortal. ¡Que grande, bello, bueno, perdonador, tan cariñoso eres mi Dios… mi padre amado.
No hay nada, absolutamente nada, en estos documentos, que pueda o remotamente, poner en entredicho los postulados del Canon y enseñanzas de la Iglesia Cristiana y Católica. Es más, y fue como he señalado, al leerlos, sobre todos los que son inteligibles, tienden a reafirmar la Fe como la conocemos, porque en muchísimos de sus pasajes, cimentan y revalidan casi todos los dichos de Jesús según se encuentran reseñados en los Evangelios Canónicos.

¿Una Mujer Inmaculada?
Dicen entonces: “Solo Dios y su Cristo son inmaculados”. Juntan como siempre, la verdad con lo incierto. Es una tónica que ha permeado al Cristianismo fuera del Catolicismo, por los últimos cuatro o cinco lustros. Ha llegado hasta la maledicencia con María. La ponen insólitamente en el rango de un trapo viejo… Sí, algo que después de ser usado, utilizado, se puede arrojar como tal. “Ya María cumplió su misión; ¿porqué hacerla objeto de “adoración”? , nos dicen. Tal pareciera que leen otra Biblia o han descubierto algo sobre María que el resto del Cristianismo desconoce. Es algo que amerita el más serio escrutinio, y el más enérgico, aunque compasivo rechazo. Porque no solo es María Inmaculada…sino que, como resultado de la más elemental lógica, tiene que serlo. Esto, sin embargo, no es cuestión de lógica, al final de cualquier caso; esto es cuestión de amor… Pero, porque es la lógica, a veces, amiga colaboradora de la verdad, mirémoslo por un instante desde ese ángulo.
Si como dicen, Dios y su Cristo es inmaculado, y les añado yo: puro y perfecto, Pregunto entonces: ¿Como este Ser tan puro, tan perfecto e inmaculado, podría encarnarse en alguien que no lo fuera? Sin darse cuenta, de lo que estoy seguro, cuestionan la omnisciencia de Dios…”Le Atan Las Manos”, por así decirlo, y limitan la potestad de Dios de hacer en el Ser humano, lo que quiere. ¡Pero si somos en un sueño de Dios ¡ ¡Pero si Dios es dueño de la realidad: de hoy, el ayer, lo que se ve y lo que no se ve! ¡Dios que se puede sentar al borde del infinito, el cual posee, pregunto yo: ¿No puede crear a una mujer inmaculada? …Sobre todo, una, que su mismo Angel le dice: “El Señor Es Contigo María” . Sobrepasa la incredulidad en muchos, en no poder asimilar este dato, cosa que ellos no han cuestionado. ¿Cuándo antes, se había oído en cualquier religión, en cualquier cultura, que un emisario de Dios, como quiera ser llamado: Buda, Harachrishna, El Logos, Zeus; etc., aún en el Viejo Testamento, dijera que el “Dios del Universo, “Existiera con un mortal”. ¡Que Coexistiera con un ser creado por EL! María, por voz de un emisario, un enviado por Dios, un Angel ( que tampoco es cuestionado por el protestantismo reciente), vive en Dios. Mis hermanos, María es la Esposa del poder Inmenso de Dios, de su Inmensa Potestad de Amar… ella es la esposa del Espíritu Santo… ¡!!Cuidado con esto!! Por eso con razón, la llamamos: “Bendita entre todas las mujeres.” Por eso creemos que junto con su Hijo Jesús, es Corredentora. ¿No dicen las Escrituras que tanto amó Dios al Hombre que sacrificó a Su Propio Hijo por nosotros? Cuando Dios ama así, ¿no va amar a María que es Su templo viviente durante los nueve meses de su embarazo con Jesús? ¿Mis amigos, porqué no poder ver que si Jesús está nueve meses en el vientre de María, El que es también Dios, como profesamos, como Dios, está en María; y María en Dios? Sin duda y con toda corrección y veracidad, por eso dice el Angel: “El Señor Es Contigo María”.
Pero como decía, al final, todo esto es un asunto de Amor. Sí…porque si Dios ama a su Hijo, al que Juan en su introito (Cap. 1.`1) dice por El Cual y para el cual, todo fue hecho: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.” “Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe”. “En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres”. Esto fue lo que habitó en María, dentro de ella por nueve meses.; porque la Palabra es Jesucristo, este “Dios-entre-Nosotros”, que por Amor, amor infinito, se hizo hombre por conducto de María, por nosotros. Por eso digo, que el fenómeno de la Concepción Inmaculada, es una cuestión del Amor que Dios nos tiene. Amor que siempre ha rebasado mi pobre compresión. Amor por su madre… por eso decimos también María, madre de Dios.
Algunos geneticistas, de esos que vienen estudiando y descifrando el Genoma Humano, podrían encontrar en estos estudios otra buena razón por la cual sostenemos que María fue concebida inmaculadamente. Genéticamente hablando, se sabe hasta la saciedad, que todo lo que fueron nuestros antepasado se pasa al cromosoma y de ahí a sus descendientes. Jesús decía que el pecado de los antepasado se imputaba a su descendientes. Dice las Escrituras: Ex 20,5: “Yo soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres hasta la tercera y cuarta generación.” ¿Qué pasaría, sin embargo, si uno de mis padres es estéril, y el otro ya no puede procrear por viejo? Un Angel viene y anuncia que por virtud del Espíritu de Dios, esa pareja concebirá un hijo? Podríamos decir; ¿verdad?, que el proceso de trasmisión de esos pecados originales de sus antepasados a esa criatura, ha sido interrumpido, ya que no interviene el semen humano que es el conducto hereditario. Pues bien, ese es el caso de María. Su padres, ya entrados en años, no habían podido tener hijos y un ángel del Dios les comunicó, que debido a sus oraciones, tendrían descendencia. Esa descendencia fue María.
No amerita mas escrutinio este asunto, ya que de haber sido todo lo contrario a lo dicho, en nada cambiaría el concepto central de Jesucristo como Dios y hombre Verdadero, que nació de María, predicó, murió crucificado, al tercer día resucitó entre los muertos y ahora lo esperamos para que establezca su reino que es el de Dios, en esta tierra, y todo el Universo , y este reinado no tendrá fin. Llega Señor… te estamos esperando.

Rafín Rod. Mena
[1] Según Lutero: “La veneración de María está en las profundidades del corazón (Sermón, 1 de septiembre de 1522)(Ella es) la mujer más encumbrada y la joya más noble de la cristiandad después de Cristo...ella es la nobleza, sabiduría y santidad personificadas. Nunca podremos honrarla lo suficiente. Aún cuando ese honor y alabanza debe serle dado en un modo que no falte a Cristo ni a las Escrituras. (Sermón, Navidad 1531)
“Ninguna mujer es como tú. Tú eres más que Eva o Sara, bendita sobre toda nobleza, sabiduría y santidad”. (Sermón, Fiesta de la Visitación, 1537).”
[2] Muy parecido a lo expresado en el Proto-Evangelio de Santiago, el más antiguo de los apócrifos ortodoxos.
[3] Sin quitar mérito alguno a los mismos, que siguiendo la costumbre, mores y cultura de entonces, no le daban importancia alguna a la mujer. Todo su foco centraba en la figura del Mesías; el hombre Dios y su modo de ver la vida que perfeccionaba la Ley de Moisés.
[4] De Nuevo, tenemos que decir que este tema de la virginidad de María, es más protegido en el Proto-Evangelio de Santiago, El Corán, y en un gran número de otros apócrifos y Agnósticos que por los Evangelios Canónicos. Continuamente lo encontramos como pequeñas pinceladas dentro de estos documentos, entre la miríada de otras tesis Cristianas, algunas muy debatible y hasta sencillamente insólitas.
[5] Sale lógicamente de todo lo relacionado con este rasgo una conclusión del todo maravillosa, trascendental, gozosa: María es “Corredentora” con su hijo. Le costaría,le sería en extremo dolorosa pero lo llevó hasta los pies de la Cruz y luego en los siglos posteriores: Cumple mansa a Dios, como su esposa la guerra contra el mal. “El Señor es contigo”… le dijo el Angel Gabriel. ¿Se quiere más prueba?
[6] En aquel entonces, la Ley prohibía que una mujer pudiera ser testigo en un caso judicial; por lo tanto, de seguro que esta tradición ha pesado en todos los evangelistas y es con toda posibilidad el porqué de la pobre referencia que se hace de ella en los Evangelios. Pero Lucas, no era judío, o estaba atado a estas reglas.
[7] No hay otra forma de explicar la elegancia literaria y poética de María, una mujer de catorce o quince años, pobre de aquellos tiempos; a no ser que tal expresión se insertara después. Muchos, aún bien interesados, lo creen.
[8] Aunque esta, es la tradición, y lo que recogen los Evangelios; cabe presumir que ya el Señor había obrado milagros antes de cumplir aquellos treintipico de años.. ¿Es que su poder estaba limitado al cumplir la mayoría de edad? Eso no es lo reseñado en otros Evangelios no incluidos en los Canónicos.
[9] Yo recogí en mi novelita, algunos; los que parecieron más plausibles. Sobre todo, los que representaban grandes dosis de amor y cariño de parte del Señor; excluyendo aquellos reseñados en algunos de los Evangelios Agnósticos, llenos de absurdas representaciones de un niño Jesús, lleno de venganzas y mal carácter.

Que es Ekumeniko


Ha sido la intención de mi hija Bettina y la mía propia, desde ya algún tiempo, crear un espacio en el Internet para intercalar una selección de temas religiosos, basados en el Cristianismo, primero y luego la Iglesia Católica. Nace de la imperiosa necesidad que tiene el Cristianismo de que la comunidad laica, salga y saque la cara ante tanto atropello y ataque a la forma de vivir que nos legó Nuestro Señor Jesucristo.


Este no es un Blog Católico exclusivamente, por el contrario, parte de aquella Orden…si, orden que nos dejare nuestro Señor en su oración a su Padre: No te pido que les saques del mundo, pero sí que los defiendas... Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo... No ruego solamente por ellos, sino también por todos aquellos que oír su palabra creerán en mí. Que todos sean uno como tú, Padre, estás en mí, y yo en ti. Que sean también uno en nosotros: así el mundo creerá que tú me has enviado. Por eso, este es un Blog para todos las personas de buena voluntad que creen en Jesucristo como nuestro redentor y que este mandato, hay que ponerlo en marcha ya.
Por eso, está proscrito aquí, la crítica interdenominal. Acentuaremos todo aquello que nos une y soslayaremos aquellas cosas que nos diferencian. Hay cantidad de “Issues” en donde todos, sin importar si Católico o Evangélico, etc., podemos unirnos para presentar frentes efectivos. Esta es la hora de unir a todos los Cristianos para que los poderes políticos nos presten atención y respeten los ideales que siempre han sido del Pueblo puertorriqueño.
En este Blog, usted puede expresarse sobre los temas que iremos trayendo y podrá aportar otros de igual interés.